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Pueblos italianos desconocidos que merecen una visita

Matera, Civita di Bagnoregio, Procida y Alberobello: la guía para descubrir los pueblos italianos desconocidos que guardan la Italia más auténtica, lejos del turismo masivo.

Chiara
23 de junio de 2026
10 min de lectura
Pueblos italianos desconocidos que merecen una visita

Conozco a alguien —quizá tú mismo— en cada conversación sobre Italia. Cuando pregunto qué van a ver, la respuesta es siempre la misma: Roma, Florencia, Venecia y, si sobra un día, Pisa. No es que esas ciudades no lo merezcan: las merecen todas. Pero ocurre algo curioso: quien vuelve de Italia con los ojos brillantes casi nunca menciona una gran ciudad. Menciona un pueblo del que nadie le había hablado antes, un lugar al que llegó casi por casualidad y que le cambió la idea que tenía del país.

Los pueblos italianos desconocidos son la Italia que no sale en Instagram, la que se pierde entre los filtros de los lugares de siempre. Y sin embargo, algunos de ellos son patrimonio de la UNESCO y aparecen en las listas de los pueblos más bonitos del mundo. Matera, Civita di Bagnoregio, Procida, Alberobello: si estos nombres te dicen poco, este artículo es exactamente para ti.

Voy a contarte cuáles merecen de verdad una visita, qué ver en cada uno, cómo llegar sin perder la paciencia y qué frases en italiano te van a salvar cuando nadie hable inglés. Al final entenderás por qué la Italia que hay que ver no es solo la de los grandes monumentos: es también la de las calles de piedra, los tejados de cuento y los abuelos que juegan a las cartas en la plaza.

La Italia que recuerdas al volver no es la de las colas del Coliseo: es la de un pueblo donde un señor mayor te corrige la pronunciación de buongiorno y te invita a su mesa.

Matera: la ciudad-cueva que estuvo a punto de desaparecer

Matera está en Basilicata, en el sur profundo de Italia, y es la sorpresa más grande del país. Aquí no hay ruinas romanas ni catedrales góticas: hay una ciudad entera excavada en la roca, los Sassi, donde la gente vivió en cuevas hasta bien entrado el siglo XX.

Su historia es dura. Durante décadas los Sassi fueron un símbolo de la pobreza extrema de Italia —se los llamó "la vergüenza nacional"— y el gobierno obligó a desalojarlos en los años cincuenta. El pueblo quedó vacío y abandonado durante casi cuarenta años, hasta que alguien se dio cuenta de que esas casas-cueva eran únicas en el mundo. Hoy Matera es patrimonio de la UNESCO y fue capital europea de la cultura. El barrio que todos daban por muerto es hoy un laberinto de hoteles y restaurantes que no ha perdido ni un gramo de carácter.

Qué ver en los Sassi

  • Casa Grotta di Vico Solitario: una casa-cueva reconstruida tal y como se vivía en 1950, con las herramientas, la cuna y la cocina originales. Entrar ahí es entender la historia de Matera en diez minutos.
  • La Cattedrale di Maria Santissima della Bruna: en lo alto de la ciudad, con unas vistas de los Sassi que no tienen comparación.
  • La iglesia rupestre de Santa Maria de Idris: una iglesia excavada en la roca con frescos del siglo XIII. Parece sacada de otro planeta.
  • Paseo nocturno por la Sasso Caveoso: de noche, con las luces de las cuevas encendidas, parece un belén gigante. Aquí se rodó la película de Pasolini El Evangelio según San Mateo.

Duerme al menos una noche en un hotel excavado en la roca: despertarte dentro de una cueva con siglos de historia no se olvida. Eso sí, reserva con meses de antelación, sobre todo en Navidad, cuando Matera se convierte en el belén viviente más espectacular de Italia.

Civita di Bagnoregio: el pueblo que muere (despacio)

Dicen que el nombre oficial de Civita di Bagnoregio es "la ciudad que muere", y no es una metáfora publicitaria: el pueblo está construido sobre una colina de toba volcánica que la erosión va devorando poco a poco, centímetro a centímetro. Se llega únicamente por un puente peatonal de trescientos metros que cruza un valle de tierra arcillosa, y mientras lo caminas entiendes por qué todo el mundo lo fotografía.

Civita está en Lazio, a unos doscientos kilómetros de Roma. Es minúscula: en invierno viven en ella menos de quince personas. Y aun así es uno de los pueblos más espectaculares del país: un puñado de calles de piedra, dos o tres restaurantes con terraza sobre el valle y una plaza donde el tiempo no ha pasado desde el Renacimiento.

Consejos para visitarla

  • Llega pronto o al atardecer: la fama le ha llegado hace poco y, en verano, el puente se llena. A las nueve de la mañana o a las seis de la tarde la tendrás casi para ti.
  • Aparca abajo: el acceso con coche está prohibido para no residentes. Deja el coche en el aparcamiento de Bagnoregio y sube caminando. El puente tiene algo de cuesta, pero se hace en quince minutos tranquilos.
  • Come en una de las trattorias del pueblo: los precios son razonables y las vistas al valle, impagables. Prueba la pasta fresca con ragù di cinghiale, jabalí, que es la especialidad de la zona.

Como está a una hora y media de Roma, es la escapada perfecta si ya conoces la capital. Echa un vistazo a nuestra guía de Roma en 3 días y te llevas el itinerario y las frases en el mismo viaje.

Procida: la isla de colores que se libró de la fama

A veinte minutos en ferry de Nápoles está Procida, y el hecho de que no sea tan famosa como Capri o Ischia es, paradójicamente, lo que la hace especial. Procida es una isla pequeña, sin aeropuerto ni hoteles de lujo, con una tradición pesquera intacta y un barrio, la Marina Corricella, que es una postal viviente: casas de colores pastel apiladas en anfiteatro sobre el puerto, barcas de pesca en el agua y un silencio que en el golfo de Nápoles parece mentira.

Fue capital italiana de la cultura en 2022 y escenario de películas como El talento de Mr. Ripley o El cartero (y Pablo Neruda), pero los procidani siguen viviendo de la pesca y del barrio, no del turismo. Esa es su magia.

Qué hacer en Procida

  • Pasear por la Marina Corricella a primera hora: cuando los pescadores vuelven con el barco, es el momento más auténtico de la isla. Después, desayuno de sfogliatella en una pastelería local.
  • Subir a la Terra Murata: la parte alta de la isla, con el palacio de la abadía de San Michele y vistas de 360 grados al golfo.
  • Ir a las playas del sur: como Chiaiolella, de arena volcánica oscura, mucho más tranquila que cualquier playa de Capri.
  • Alquilar una moto o una bici: la isla es pequeña y casi no hay coches. Es la mejor manera de recorrerla.

Procida encaja perfectamente en un viaje a Nápoles: coges el ferry desde el puerto de Mergellina y en veinte minutos estás en otra Italia. Si estás planeando el viaje, nuestra guía de Nápoles y la Costa Amalfitana te sirve de base, con las pizzerías que no fallan.

Alberobello y el Valle de Itria: las casas con techo de cuento

Si Matera parece de otro planeta, Alberobello parece de otro cuento. En esta zona de Puglia las casas tienen techo de piedra en forma de cono —los trulli— y el origen de esa forma es una de las historias más divertidas de Italia. Cuenta la leyenda que los campesinos construían los techos sin mortero, solo apilando piedras, para poder desmontarlos en un instante cuando llegaba el recaudador de impuestos y fingir que allí no había ninguna casa. Un pueblo entero evadiendo impuestos con arquitectura. Es tan italiano que da orgullo.

Hoy Alberobello es patrimonio de la UNESCO y el único pueblo del mundo con un barrio entero de trulli. El Rione Monti es el más fotografiado: callejuelas de casas cónicas con símbolos pintados en los techos. Es bonito, sí, pero también muy turístico en verano. La buena noticia: la Puglia blanca no acaba ahí.

El resto del Valle de Itria

  • Locorotondo: uno de los pueblos más bonitos de Italia, con callejuelas blancas y balcones de flores, a quince minutos de Alberobello. Muchísimo más tranquilo.
  • Ostuni: la "ciudad blanca", un laberinto encalado sobre una colina con vistas al mar Adriático.
  • Martina Franca: la más elegante de la zona, con su plaza barroca y sus palacios nobles.

En el Valle de Itria se come de maravilla: la orecchiette con cime di rapa, la focaccia barese y los panzerotti fritos. Si te gusta el vino, por aquí está la zona del Primitivo. Como los pueblos están cerca unos de otros, el coche es casi imprescindible: revisa los consejos de nuestra guía para conducir en Italia sin sustos antes de ponerte al volante.

Otros pueblos que tampoco salen en la guía

Los cuatro anteriores son los imprescindibles, pero la lista es mucho más larga. Si te sobra tiempo, apunta estos:

  • Tropea (Calabria): un pueblo sobre un acantilado y un mar turquesa. Su playa es una de las mejores de Italia.
  • Atrani (Campania): el vecino pequeño y tranquilo de Amalfi, en plena Costa Amalfitana pero sin el caos.
  • Sperlonga (Lazio): casas blancas sobre el mar Tirreno y apenas turismo internacional.
  • Orta San Giulio (Piemonte): un pueblo medieval sobre un lago alpino, con una isla enfrente y un silencio que no tiene precio.
  • Pitigliano (Toscana): una ciudad de piedra toba sobre un barranco, con una historia judía fascinante y unas vistas que cortan la respiración.

Consejos prácticos para visitar los pueblos italianos desconocidos

Los pueblos pequeños tienen otra lógica que las grandes ciudades, y conviene ir preparado:

  • Muévete en coche o con paciencia en tren: muchos de estos pueblos no tienen estación propia. Lo más cómodo es combinar: tren de alta velocidad hasta la ciudad grande (Roma, Nápoles, Bari) y coche de alquiler para los últimos kilómetros. Solo Procida y Atrani son más fáciles en barco o en tren.
  • Evita agosto: en agosto los pueblos pequeños se llenan de italianos. La mejor época es abril-junio y septiembre-octubre: buena luz y poca gente.
  • Reserva el alojamiento con tiempo: los pueblos desconocidos tienen pocas camas; en cuanto llega el turismo, las habitaciones vuelan.
  • Lleva efectivo: muchos restaurantes aceptan tarjeta, pero el cajero más cercano puede estar a veinte minutos. Un poco de efectivo te evita sustos.
  • Habla italiano, aunque sea malo: en estos pueblos el inglés funciona menos. Las pocas palabras que digas en su idioma se reciben con una sonrisa que no se compra con ninguna tarjeta.

Para lo último, unas frases que te van a venir bien:

ItalianoEspañol
Dove si mangia bene qui?¿Dónde se come bien por aquí?
Dove posso parcheggiare?¿Dónde puedo aparcar?
È lontano dal centro storico?¿Está lejos del centro histórico?
Un tavolo per due, per favore.Una mesa para dos, por favor.
C'è un bancomat qui vicino?¿Hay un cajero cerca?

La Italia que de verdad se recuerda

Viajar a Italia sin salir de las grandes ciudades es como leer solo la contraportada de un libro. Matera, Civita di Bagnoregio, Procida y Alberobello te cuentan otra historia: la de un país pequeño, orgulloso y sorprendente, donde cada pueblo tiene su dialecto, su plato y su manera de ver la vida. Y cuando llegues, te aseguro que tu italiano te rendirá el doble que el inglés, porque en esos pueblos cada palabra que sueltas en su idioma vale oro.

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